Allez au contenu Allez à la navigation

Lo que está en juego

La Gran Guerra: lo que está en juego

El engranaje

Tras el atentado de Sarajevo, el 28 de junio de 1914, el engranaje de los tratados y de las alianzas se pone en movimiento. Las declaraciones de guerra se suceden. Toda Europa estalla y pronto, junto a ella, el resto del planeta.
 
Los cinco continentes estarán afectados por el conflicto. 60 millones de hombres lucharán, a 10 millones les matarán y 10 millones serán gravemente heridos o inválidos. La primera guerra “total” de la historia de la humanidad, la primera guerra “industrial”, marca el verdadero comienzo del siglo XX, inaugurado en la sangre y las lágrimas, de las que la Batalla de Verdún será su más terrorífica ilustración.

Las causas de la guerra

Son diversas. Pero las voluntades hegemónicas, territoriales, económicas, y el temor por el vecino, son los principales resortes del inicio de la Primera Guerra Mundial. El recelo está presente, desde hace tiempo, entre las grandes potencias del continente. Mediante tratados ya antiguos, Alemania, Austria-Hungría e Italia (Tríplice o triple alianza/ 20 de mayo de 1882) son aliados. Francia, Inglaterra y Rusia también están reunidas, mediante una sucesión de tratados, en el seno de la “Triple Entente” (Triple coalición). Es la época de la diplomacia “secreta”, aunque todos los protagonistas estén informados de los actos y de las intenciones de sus rivales.

La cuestión colonial

Desde finales del siglo XIX, las discrepancias se multiplican. En primer lugar, la cuestión colonial se invita con frecuencia a la mesa de los diplomáticos, con a veces prolongaciones militares. Los franceses y los ingleses se han repartido la parte esencial del “pastel” colonial. Tras el episodio de Fachoda (1898), en Sudán, en el que los franceses ceden el terreno a los ingleses, existe “l'entente cordiale” (o un buen entendimiento), en 1904. Y el reparto de los territorios asiáticos y africanos, entre ambas potencias coloniales, se realiza en detrimento de Alemania. Guillermo II, ahora al mando de un potente imperio militar e industrial, quiere extender su influencia económica y sus modestas colonias africanas no le bastan. A partir de 1905, afirma su voluntad de “oponerse a los intereses franceses en Marruecos”. Se franquea una nueva etapa en 1911, cuando la cañonera “Panther” se invita a Agadir, tras la llegada de las tropas francesas a Fez y Mequinez. Pero se evita el enfrentamiento.

El epicentro de la tensión

En el continente europeo, el epicentro de la tensión entre las distintas potencias se sitúa en los Balcanes. La anexión, en 1908, de Croacia, Eslovenia y de Bosnia Herzegovina, por Austria-Hungría, aprobada por Alemania, fue muy mal recibida por Rusia y sus aliados. Sin embargo, todavía no están preparados militarmente para la guerra. En 1912 y 1913 suceden las guerras balcánicas que se saldarán, por primera vez, por la derrota del Imperio otomano, frente a la liga balcánica. Turquía pierde sus posesiones europeas. La segunda guerra opone a antiguos aliados de la liga balcánica, de la que sale vencedor el Reino de Serbia y sus aliados, en detrimento de Bulgaria. La balcanización de la península yugoslava continúa... El ascenso de los nacionalismos también.

El temor al vecino

En tela de fondo, se encuentran también los viejos rencores y el temor al vecino. Francia – 39 millones de habitantes - desconfía de Alemania, de sus 67,8 millones de almas y de su apetito cada vez más feroz. Si se presentara la oportunidad, recuperar Alsacia y Lorena, sería sin duda una satisfacción para el orgullo nacional. Alemania se siente atenazada entre Francia y el Imperio ruso, potencia demográfica, en constante desarrollo, que podría sumergirla. Austria-Hungría se preocupa por las veleidades expansionistas de Serbia, tras sus éxitos en las guerras balcánicas. Lo que queda del Imperio otomano teme que Rusia le confisque sus puertas de acceso a los mares “cálidos”. Y el Reino Unido recuerda la voluntad declarada de Alemania, desde 1900, de formar una marina semejante a la Royal Navy, cuya supremacía en los mares estaría pues amenazada y, por vías de consecuencia, se vería comprometida la integridad territorial británica.

En photo