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La Batalla de Verdún

La Batalla de Verdún

La batalla más terrible, jamás conocida por la humanidad

El 21 de febrero de 1916, eran las 7:15 horas de la mañana, cuando el ejército alemán manda la artillería sobre las líneas francesas. En la propia ciudad de Verdún, caen los primeros obuses a las 8:15 y apuntan a la estación y a los puentes río arriba de la ciudad. Fiel a una estrategia que, de ahora en adelante, seguirán todos los ejércitos, la artillería “prepara el terreno” machacando las líneas francesas durante varias horas. El Trommelfeuer, el fuego sobre ruedas, las tormentas de acero. Y al final de la tarde, se lanza el asalto de las tropas que el Estado Mayor alemán cree agonizantes.

En el bando francés, la sorpresa fue “casi” total y el choque espantoso. Pero la desbandada esperada por el enemigo no tuvo lugar. Los supervivientes de ambas divisiones francesas no baten en retirada, ni se rinden. A diez contra cien, fusiles Lebel contra Mauser y lanzallamas, la defensa francesa se organiza. La infantería alemana procede por olas de asalto, espaciadas por un centenar de metros. Sin embargo, las dificultades del terreno les obligan a menudo a progresar por columnas, desorganizando su subida hacia la línea. Y los franceses, todavía en pie, les atacan por la retaguardia. Esta capacidad de resistencia no la había contemplado el Estado Mayor alemán, haciendo alarde de la doctrina militar del momento “la artillería conquista, la infantería ocupa.” Una lucha sin piedad opone ambos bandos, ya en las primeras horas. Se prolongará durante varios meses, en este hueco de unos cuantos kilómetros cuadrados, causando la pérdida de 163.000 franceses y de 143.000 alemanes, matados o desaparecidos. 216.000 franceses y 196.000 alemanes serán heridos.

Los dos tercios del ejército francés combaten en Verdún. Combates particularmente duros. Los poilus que se salvan pueden disfrutar de unos momentos de respiro, en la retaguardia - por 4 días de combate, dos días de reposo - para recuperar ánimos - en la medida de lo posible. Esto no es el caso de las tropas enemigas a quienes jamás las relevan, desgastadas por “el infierno de Verdún”. Porque de esto se trata, de un infierno. Se destruyen pueblos enteros. Los campos están labrados por los obuses. El aire está viciado por los gases tóxicos. Los bosques desaparecen para dejar paso a un paisaje lunar, hecho de cráteres y de trincheras, en los que se encavan los supervivientes. Se lucha a menudo por unos cuantos metros, con la bayoneta en el fusil, cubiertos de barro, sedientos, asfixiados, rotos... Los pueblos perdidos un día, se reconquistan al día siguiente; el de Fleury delante de Douaumont será tomado y recuperado 16 veces, el de Vaux, trece veces. El más mínimo saliente, se convierte en un reto. La línea de frente se mueve constantemente, pero no cede.

La avalancha sobre Verdún

El Teniente Coronel Driant y sus hombres antes de la Batalla de Verdún

Los primeros días de la batalla son tremendos. Un diluvio de fuego y de gas tóxico cae en tan solo 5 km. de frente, durante más de ocho horas. Se movilizan cerca de 80.000 alemanes para la ofensiva. Algo nunca visto en un terreno tan pequeño. Y, por primera vez, a tan grande escala - ya se había realizado una experimentación en Malancourt - los soldados de la infantería alemana utilizan el lanzallamas. Es un arma terrorífica. En el Bosque de Caures, los soldados de la infantería situados en los puestos avanzados responden como pueden. Pero responden. Les encabeza, el teniente coronel Driant, también diputado. El mes anterior, había intentado alertar el más alto nivel del estado de las debilidades de la defensa de Verdún. Le matan durante los combates del 22 de febrero. Sus unidades quedan diezmadas.

Los días siguientes, siguen los combates con la misma intensidad. De los 2.000 hombres del 362 RI, solo quedan 50 en pie. Las cifras de las pérdidas dan vértigo. Cerca de 20.000 hombres matados en unos cuantos días. Se evacua el pueblo de Brabant el 23 de febrero. Samogneux, Beaumont, Ornes se pierden al día siguiente. Nueve pueblos serán completamente destruidos, “muertos por Francia”. Al fuerte de Douaumont, ocupado por unos cincuenta soldados territoriales, lo toman el 25 de febrero, por sorpresa y sin combate, con una patrulla de reconocimiento enemiga. La propaganda alemana canta victoria. Pero por lo demás, cada parcela de terreno se defiende al precio de mil sufrimientos. La valentía y el calvario de los defensores empiezan a conocerse en la retaguardia. En este contexto, el general Pétain, en cabeza del 2° Ejército francés, toma el mando de las operaciones en el frente de Verdún, el 26 de febrero. Aguantar a toda costa, “hasta el último extremo”, es más que nunca la orden del día. El enemigo no debe tomar Verdún.

“¡Ánimo, les venceremos!”

Por último, a finales del mes de febrero, la progresión alemana fue mortífera, pero limitada. La superioridad numérica y material no ha bastado. Y las pérdidas alemanas son más importantes que previsto, por su mando. A comienzos de marzo, cae el pueblo de Douaumont. A lo largo de estos combates, fue herido por bala y hecho prisionero, el capitán Charles de Gaulle, todavía desconocido. Desde el inicio de la ofensiva, los alemanes han progresado de unos cuantos kilómetros, en un frente restringido, sin lograr penetrar. El 5 de marzo, el ejército de Kronprinz organiza un nuevo asalto, que engloba esta vez la orilla izquierda del río Mosa, más fácil de acceso. Forges cae el 6 de marzo. Pero los alemanes son parados en Morthomme, el 8.

Desde Baudonvillers y Bar-le-Duc, se pone en marcha una noria de camiones por la carretera que comunica Bar-le-Duc con Verdún, bautizada más tarde por Maurice Barrès la “Vía Sacra”. Va a permitir hacer llegar los primeros refuerzos, posteriormente abastecer el frente y por fin, renovar las tropas regularmente. Cerca de 1.500 camiones pasan a diario por el circuito, siguiendo un proceso probado. Verdún no está aislada. 2.500.000 combatientes franceses utilizan el sistema giratorio de la Vía Sacra.

” ¡Ánimo, les venceremos!”. El famoso lema del general Pétain, visible en el Museo de Guerra del Ayuntamiento

De ahora en adelante, los contraataques franceses suceden a los ataques alemanes. El ejército francés ya no se contenta con soportar y devolver golpe por golpe. El 9 de abril, Morthomme cae en manos de los alemanes. Pero los franceses oponen una defensa encarnizada, y las ganancias son limitadas, con respecto a los gigantescos medios puestos en marcha por el asaltante. Al día siguiente, el general Pétain puede redactar el lema histórico, que todavía no canta victoria, pero que ya marca un cierto optimismo: “¡Ánimo, les venceremos!”.

Por el momento, los combates continúan, en ambas orillas del río Mosa, y hasta Eparges, con su séquito de atrocidades. Se muere por los obuses, por las balas. Se muere asfixiado, atravesado por una bayoneta. Se muere al borde de una trinchera o en un agujero de obús, enzarzado en la alambrada de espino. Se muere enterrado en el fango sangriento del campo de batalla. Y cuando no se muere, se regresa herido, inválido, “la gueule cassée” (roto tanto por dentro como por fuera) y, en cualquier caso, marcado para siempre por los sufrimientos vividos y a los que se ha asistido. Esto es lo que le toca al poilu de Verdún.

Los alemanes persisten

Durante el mes de mayo, los franceses intentan acercarse a Douaumont. El mando francés nunca ha podido aceptar la pérdida del fuerte. El 1 de mayo, al general Pétain le substituye el general Nivelle, que Joffre considera más ofensivo. Bajo las órdenes de Nivelle, el general Mangin, intenta recuperar el fuerte de Douaumont, pero fracasa, debido en particular a la insuficiente preparación de la artillería. No es más que aplazar el desenlace.

Durante el mes de junio, los alemanes, a pesar de las importantes pérdidas, se empeñan en querer tomar Verdún. Al precio de intensos esfuerzos y tras un sitio de siete días, logran ampararse del fuerte de Vaux, el 7 de junio. La heroica resistencia del comandante Raynal y de sus hombres, recluidos en el interior del fuerte de Vaux, sin aire ni agua, es aclamada por el enemigo en el momento de la rendición, que era ya inevitable.

Reproducción del Campo de Batalla de Verdún en “Le Petit Journal”

El 23 de junio, tras un incesante bombardeo, aún más traumatizante, en el que los alemanes utilizan obuses con gas tóxico, 60.000 hombres avanzan por un frente de 6 km. El enemigo toma Fleury. Son muchas las pérdidas, en ambos bandos. Pero los intentos alemanes por conquistar Verdún fracasan de nuevo. El último asalto se apoya, el 12 de julio, en el sector de Souville, y marca el punto más avanzado de la progresión enemiga. Pero de nuevo es un revés y el fuerte de Souville sigue en manos de los franceses. Los alemanes nunca se han acercado a menos de 5 km. de Verdún. Ninguno de los objetivos ha sido alcanzado. Y el 12 de julio, el Kronprinz, Guillermo de Prusia, en cabeza del 5° Ejército alemán, recibe la orden de limitarse, de ahora en adelante, a una acción defensiva.

A partir de esta fecha, los alemanes renuncian a tomar Verdún. Sin embargo, los combates no van a detenerse. Durante todo el verano, los franceses van a realizar pequeños avances en las posiciones enemigas. El 24 de octubre, el Regimiento de Infantería Colonial de Marruecos vuelve a conquistar el fuerte de Douaumont, con el apoyo, entre otros, de los tiradores senegaleses y somalíes. Se vuelve a tomar el fuerte de Vaux el 3 de noviembre. En 21 de diciembre, tras 300 días y 300 noches de combate, la mayoría de las posiciones perdidas, durante la batalla, han sido recuperadas por el ejército francés. Puede llegar el invierno. Se ha ganado la Batalla de Verdún.