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El símbolo

El Símbolo de la Primera Guerra Mundial

“Verdún es el signo y la culminación de la Gran Guerra. Es sin duda el único nombre que sobrevivirá al olvido de los siglos”, Guy Pedroncini.

Para el historiador Guy Pedroncini desaparecido en el 2006, la Batalla de Verdún seguirá presente en la memoria y simbolizará, para las futuras generaciones, por sí sola, la Primera Guerra Mundial. Para el historiador Antoine Prost, “la guerra de 1914, es Verdún”.

Desde el inicio de los combates, la batalla de Verdún adquirió una fama mundial. En unas cuantas semanas se convirtió en el símbolo de valentía y de los sufrimientos del poilu (soldado) de Verdún. Bajo un diluvio de obuses, sumergido por el número de asaltantes, el poilu resistía y cortaba el camino de Verdún a los alemanes. De repente, es el “destino de la patria” el que estaba en juego, en este pequeño territorio de unos cuantos kilómetros cuadrados. Mucho menos armados, muy inferiores en número, se trataba de aguantar a toda costa, y aguantaban. Los asaltantes fueron los primeros sorprendidos, al descubrir, en el terreno laminado por la potencia de su artillería, grupos de combatientes que les atacaban por la retaguardia, frenaban su progresión, lanzaban sus últimas fuerzas en los combates, a pesar de los efectivos diezmados. David contra Goliat. El relato de la Batalla iba a dar la vuelta al mundo.

300 días y 300 noches

La noria organizada en la Vía Sacra sirvió para hacer llegar, a lo largo de los 300 días y 300 noches que duró la batalla, cerca de 2,5 millones de combatientes franceses. Los dos tercios de los combatientes franceses cayeron en Verdún, lo que constituye una de las especificidades de esta página de historia. Tanto en Francia, como en el extranjero, para los militares, como para los civiles, la Batalla de Verdún fue la Batalla de Francia. Un combate para conservar su territorio y no para apropiarse de aquel del otro. A esto, tan solo se le podía aplaudir en Francia y aprobar en el mundo.

En 1931, el diputado y alcalde de Verdún, Victor Schleiter, testigo de las marcas de reconocimiento internacionales y principal protagonista de la reconstrucción de Verdún, declaraba: “Verdún, es la palabra mágica que hace ponerse en pie las muchedumbres, al pronunciarla en el extranjero”. A partir de 1916, en efecto, en las angustias de los combates de los primeros días de la batalla, la gloriosa resistencia de los combatientes de Verdún provocó un impulso de solidaridad y de admiración por los poilus franceses, defensores de la “ciudad heroica”, “amparo de las libertades”. Este entusiasmo nacional e internacional no se debilita con el final de la Guerra. La Batalla de Verdún había hecho de la ciudad la “capital de la Victoria”, según la fórmula de André Maginot. El Soldado Desconocido fue elegido en Verdún. Los reconocimientos internacionales afluyeron. Verdún se convirtió - y sigue siendo desde entonces - la ciudad más condecorada de Francia.
 
 
 

Con 26 medallas, Verdún es la ciudad más condecorada de Francia.

 

 

El siglo de Verdún

Para otros, como Patrick Barberis y Antoine Prost, el siglo 20 fue el “siglo de Verdún”, título del documental que firmaron juntos, el cineasta y el historiador. Verdún fue, debido a su magnitud y su simbología, el acontecimiento inaugural del siglo 20. Y es del rencor surgido en las trincheras de Verdún que Hitler, apoyándose en el espíritu de revancha de Alemania, diseña el proyecto nacional socialista que iba a provocar la Segunda Guerra Mundial, prolongación de la Primera.

El alcance simbólico de la batalla de Verdún perdura, a pesar de que hayan desaparecido todos aquellos que fueron sus héroes. Para los historiadores actuales, como lo destaca Hervé Lemoine en su informe para la creación de una Casa de la Historia de Francia, la nación francesa se ha construido “de Verdún a Verdún”, del tratado de 843 hasta la batalla de 1916, del reparto del vasto imperio de Carlomagno, acto de nacimiento de Francia y de Alemania, hasta la consolidación de la nación resultante de los enfrentamientos guerreros de 1916.

Y tras el “momento francés”, que también fue el momento alemán, llegó el momento europeo, de Verdún 1916 a Verdún 1984, de los enfrentamientos al estrechamiento de manos Kohl Miterrand, delante del osario de Douaumont, símbolo, por encima de las tumbas, de la reconciliación franco-alemana y de la amistad entre ambos pueblos. Tan solo en el campo de batalla de Verdún, podía tomar sentido una reconciliación definitiva y total.

Así adquirió Verdún una estatura de ciudad universal.

La Batalla de Verdún ha transformado radical y definitivamente el paisaje.

Los combates, de los que fue el objetivo y el teatro, han marcado de forma duradera su suelo, los estigmas todavía se pueden ver hoy. La Batalla ha radical y definitivamente transformado el paisaje. El campo de Batalla de Verdún es un inmenso santuario a cielo abierto. Su suelo cobija, todavía en la actualidad, las osamentas de miles de combatientes. Cementerios, osarios, monumentos, fuertes, expresan la dureza de los combates y el precio pagado, por defender el territorio nacional, por “aquellos de Verdún, ciudadanos y guardianes de la tierra”, según la expresión del historiador Marc Ferro.

Un lugar excepcional

Los acontecimientos que tuvieron por escenario Verdún, del tratado a los combates, de los combates a la reconciliación, hacen que sea un lugar excepcional en la historia de Francia, de Europa y en la historia de la humanidad. Hoy, la ciudad de Verdún desea la inscripción en el Patrimonio Mundial de la UNESCO del conjunto del campo de Batalla de Verdún, debido al doble y excepcional testimonio que brinda al mundo. El testimonio del sufrimiento, nacido de la locura guerrera, llevada hasta su paroxismo, y el testimonio de la posible reconciliación y de la indispensable tolerancia entre los pueblos.

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